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Mostrando las entradas con la etiqueta Poetas

Leyendo sin moverse del sitio

Imagina un poema que se inicia con una pareja  que mira un valle, ve su casa, el prado  de atrás con sus sillas de madera, sus trozos de verde sombreados,  su cerca de madera, y más allá de la cerca el brillo ondulante de plata  del estanque del lugar, su otro extremo enredado de mirto bermellón  bajo la luz huidiza. Ahora imagina que alguien lee el poema  y piensa: “No pensé que sería así”,  y lo mete en un libro, mientras la pareja  descuidada, siente que nada se pierde, ni el blanco  destello de la cola de un pájaro carpintero que captura su vista, ni la leve  agitación de las hojas en el viento distraen su mirada de la cúpula de madera  de un cerro cercano donde el crepúsculo ya esparce su violeta.  Pero el lector, que salió a dar un paseo en la noche de otoño, con todos  los sonidos aprisionados de la naturaleza moribunda junto a él, olvida  no sólo el poe...

Cuando fui pájaro

Me trepé al árbol de karaka  y llegué hasta un nido hecho todo de hojas  pero suaves como plumas.  Inventé una canción que siguió cantándose sola  y sin palabras, aunque se volvía triste al final.  Había margaritas en el pasto bajo el árbol.  Les dije, para ponerlas a prueba:  "Les sacaré las cabezas de un mordisco  para darles de comer a mis hijitos".  Pero no creyeron que yo fuera un pájaro,  y siguieron bien abiertas.  El cielo parecía un nido azul con plumas blancas  y el sol era la madre pájaro que lo mantenía tibio.  Eso decía mi canción: aun sin palabras.  Mi Hermanito llegó por el campo empujando su carretilla.  Convertí mi vestido en alas y me quedé muy quieta.  Y cuando estuvo cerca dije: "Pío, pío!"  por un momento pareció sorprendido;  luego dijo: "Bah, no sos un pájaro; se te ven las piernas".  Pero las margaritas realmente no importaban,  y mi Hermanito...

Al claro de luna, Yannis Ritsos

Esta casa me está ahogando Pues la cocina es como el fondo del mar Las cazuelas colgadas brillan como grandes ojos redondos de peces increíbles Los platos se mueven lentamente como medusas Algas y ostras se atascan en mi pelo –no puedo librarme de ellos después No puedo subir a la superficie –la bandeja cae de mis manos muda  Me derrumbo y veo las burbujas de mi aliento subiendo, subiendo  E intento entretenerme mirándolas Y me pregunto qué diría alguien que las viera desde arriba Quizás que alguien se está ahogando O que un buceador está explorando los fondos del mar… Y, de verdad, no pocas veces descubro allí, en el abismo del ahogamiento Corales y perlas y tesoros de naufragios Encuentros imprevistos, del pasado, del presente y del futuro Casi una comprobación de la eternidad Un respiro, una sonrisa de inmortalidad, como dicen  Una cierta felicidad, embriaguez, hasta entusiasmo…  Corales, perlas, y zafiros; sólo que no sé darlos No, los doy; sól...

Éxodo

En lo alto del día eres aquel que vuelve a borrar de la arena la oquedad de su paso; el miserable héroe que escapó del combate y apoyado en su escudo mira arder la derrota; el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo para que el mar no arroje su cadáver a solas; el perpetuo exiliado que en el desierto mira crecer hondas ciudades que en el sol retroceden; el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto el que escucha en el alba cantar un gallo y otro porque las profecías se están cumpliendo: atónito y sin embargo cierto de haber negado todo; el que abre la mano                                       y recibe la noche. José Emilio Pacheco

Trece maneras de mirar un mirlo

1 Entre veinte cerros nevados lo único que se movía era el ojo de un mirlo. 2 Yo era de tres pareceres, como un árbol en el que hay tres mirlos. 3 En el viento de otoño giraba el mirlo. Tenía un papel muy breve en la pantomima. 4 Un hombre y una mujer son uno. Un hombre y una mujer y un mirlo son uno. 5 Yo no sé si prefiero la belleza de las inflexiones o la belleza de las insinuaciones, si el nido silbando o después. 6 El hielo cubría el ventanal de cristales bárbaros. La sombra del mirlo lo cruzaba de un lado a otro. La fantasía trazaba en la sombra una causa indescifrable. 7 Oh, delgados hombres de Haddam, ¿por qué imagináis pájaros dorados? ¿No veis cómo el mirlo anda entre los pies de las mujeres que os rodean? 8 Conozco nobles acentos e inevitables ritmos lúcidos; pero también conozco que el mirlo anda complicado en lo que conozco. 9 Cuando el mirlo se perdió de vista señaló el límite de un círculo entre otros muchos. 10...

La muerte del fénix

En los himnos que cantamos hay una flauta, en la flauta que nos habita un fuego y en el fuego que encendemos un Fénix verde. En su elegía no he distinguido mi ceniza de tu polvo. Una nube de lilas basta para ocultarnos la jaima del pescador. Camina, pues, sobre las aguas como el Señor. Ella me ha dicho: El recuerdo que llevo de ti no está desierto y ya no hay enemigos para las rosas que surgen de los escombros de tu casa. Un anillo de agua rodeaba la elevada montaña y el Tiberíades era el patio trasero del primer Paraíso. Le dije: la imagen del universo se ha completado en unos ojos verdes. Ella me respondió: Oh, mi príncipe y mi cautivo, guarda mis vinos en tus jarras. Los dos extraños que se han consumido en nosotros son esos que hace un instante han intentado matarnos, los que volverán a sus espadas dentro de poco, los que nos preguntan: ¿Quiénes sois? -Dos sombras de lo que fuimos aquí, dos nombres del trigo que crecen...

Paul Celan

Habla también tú sé el último en hablar, di tu palabra. Habla- Pero no separes el No del Sí. Y da a tu palabra sentido: dale sombra. Dale bastante sombra, dale tanta como en torno de ti sepas extenderla entre medianoche y mediodía y medianoche. Mira alrededor: ve cómo lo viviente deviene entorno. En la muerte ¡Viviente! Dice la verdad quien dice sombra. Pero ahora se contrae el lugar donde estás: ¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde? Sube. Tantea en lo alto. Te haces más sutil, más irreconocible, más fino. Más fino: un hilo por el que quiere descender la estrella para nadar debajo, al fondo, donde se ve brillar: sobre móviles dunas de palabras errantes. Paul Celan de "Umbral en umbral" (mix de las versiones de José Angel Valente y Rogelio Bazán)

Aquí

El tiempo es solo un río en el que voy a pescar. Bebo en él; pero mientras bebo veo el lecho arenoso y descubro cuán superficial es. Su fina corriente se desliza a lo lejos, pero la eternidad permanece. Yo  bebería más profundamente; pescaría en el cielo, cuyo suelo está plagado de estrellas. No puedo contar una sola. No sé siquiera la primera letra del alfabeto. Siempre he deplorado no ser tan sabio como lo era el día en que nací. La inteligencia es un hendedor; discierne y se abre camino en el secreto de las cosas. No deseo estar con mis manos más ocupadas de lo necesario. Mi cabeza es manos y pies. Siento concentradas en ella mis mejores facultades. Mi instinto me dice que mi cabeza es un órgano cavador, como los hocicos y garras de algunos animales anteriores, y con ella horadaría mi camino a través de estas colinas. Creo que la vena más rica se halla en algún sitio de estos alrededores; así lo juzgo por mi varita de zahorí y los finos vapores que se elevan, y aquí comenzaré a...

Oro sin tierra

¡Ven! Pero no te reúnas con nosotros sin tu música. Celebramos una fiesta, levanta y golpea el tambor. Hay luz ahora, hay luz, hay luz ahora, hay luz. Somos el alma del mundo, no pesamos como cuerpo. Somos el oro del alma sin tierra, sin espacio o tiempo. Somos cazador y presa, noche y día, oculto y visto. El amor es nuestra madre, del amor hemos nacido. Rumi (versión SD)

Sube

Sube tú, clemente fuego de la vieja noche. Yo beso el umbral de tu ascenso. Mi mano te tiende alfombras y esparce para ti una abundancia de rojas flores. Sube, amigo mío que yacías enfermo, atraviesa la cáscara. Te hemos dispuesto un banquete. Los obsequios están presentados delante de ti. Las bailarinas aguardan por ti. Te hemos construido una casa. Tus servidores están listos para ti. Te arreamos los rebaños sobre la campiña verde. Llenamos tu copa con vino tinto. Colocamos frutos perfumados en vasijas de oro. Golpeamos la puerta de tu prisión y apoyamos nuestra oreja a la escucha. Las horas crecen, no demores más. C. G. Jung Libro Rojo (Los encantamientos)

E.D.

Di la verdad mas dila oblicua - El logro está en los circuitos Demasiado brillantes para nuestro endeble deleite La soberbia sorpresa de la verdad Como el relámpago a los niños ha de ser mitigado Con bondadosa explicación La verdad debe deslumbrar gradualmente O todos los hombres se quedarían ciegos Emily Dickinson Versión R. Costa Picazo
      Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.      Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.      Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.      Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.      Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.      La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.      Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.      Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras...

L'obscurité des eaux

Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.  Las palabras caen como el agua yo caigo. Dibujo  en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis  aguas, me digo mis silencios. Toda la noche  espero que mi lenguaje logre configurarme. Y  pienso en el viento que viene a mí, permanece  en mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia  desconocida. A mí me han dado un silencio  pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada  como el único pájaro en el viento. Alejandra Pizarnik

Wilcock

Ahora estoy completamente solo,  ahora que llenas mi universo,  este alegre universo en expansión  con galaxias, cefeidas, supernovas,  y tú detrás de cada grado del espacio,  que una palabra tuya contrae  y concentra en tu sola persona  de nuevo como un astro en pulsaciones:  no tengo más amigos, no tengo más interés por nada,  estoy aquí estudiando tu cosmografía,  tus emisiones de radio, tus sizigias,  más exactamente tu boca y tus ojos,  más exactamente aquello que está en el fondo de los ojos,  y todavía más exactamente, a ti. J. R. Wilcock de Italienisches Liederbuch versión Guillermo Piro

Presentimiento

Durante muchos días me seguiste.  En el canto del pájaro, en las sombras,  en las modulaciones del espacio:  aprendí a conocerte.  Yo sentía tu luz atravesarme  como una flecha de oro envenenada.  Te desobedecía arrepentida.  Me hablabas en secreto.  En los espejos rotos, en la tinta  azul de los cuadernos que dejabas  sobre la mesa de mi dormitorio.  Yo temblaba al mirarte, yo temblaba  como tiemblan las ramas reflejadas  en el agua movida por el viento.  Ahora que conozco tus señales,  tu piel y tus orejas, tu semblante,  no trataré de desobedecerte,  y me arrodillaré frente a tu imagen,  implacable sibila que me sigues. Silvina Ocampo
El espejo de estar por quedarte dormida huye al fin. En su huida retiene, de entre todas las imágenes, la del hombre vestido de atardecer. Pasa, pasarán, entorna los ojos, no hacen más que sucederse, atravesar los años en el silencio de arena que de nuevo las rodea, acabarán por entregarte al anochecer. El espejo es ahora tu postrer recuerdo, tu anochecer de durmiente. Así llegando, así abandonando como el ahogado de regreso a la costa, pones tu cuerpo a descansar sobre la arena. Y todavía tienes tiempo de preguntarte por el hombre tumbado en el reflejo, desmayado, ahogado de recién, abriéndose paso por lugares donde siempre es de noche. Arnaldo Calveyra Apuntes para una reencarnación

Propuesta del higo

Te propongo la dulzura del higo, su carne sonrosada, replegada y húmeda como un animal marino. Goza el misterio de este fruto, su textura de molusco, su íntimo tamaño. Tersa, su pulpa apremiará el deseo de tu lengua. Te propongo las delicias del higo. Muerde su violado, desamparado centro, prueba de nuevo -empecinado- su carne que guarda mieles y diluvios. Las delicias y dulzura del higo -pequeño y desbordado- tan sólo te propongo. Que tu boca profunda se demore en el dulzor secreto, que asalte con lentitud su carne desvelada. Deja que a tu paladar traiga la memoria de sabores primitivos. Carmen Matute (Guatemala, 1944)
¿Y si durmieses y al dormir soñases? ¿Y si en tu sueño fueses al cielo y allí recogieses un extraña y bella flor? ¿Y si, al despertar, tuvieses la flor en tu mano? ¿Qué pasaría entonces? Samuel Taylor Coleridge
Creía yo No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere. Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte. Macedonio Fernández
Lecciones de Kamasutra  Con la copa engastada de lapislázuli la espero, junto al estanque, el agua de colonia y la tarde la espero, con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña la espero, con la elegancia del príncipe refinado y bello la espero, con siete almohadas rellenas de nubes ligeras la espero, con el fuego del penetrante incienso femenino la espero, con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos la espero. No te impacientes. Si llega tarde espérala y si llega antes de tiempo espérala, y no asustes al pájaro posado en sus trenzas. Espérala, para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración. Espérala para que respire este aire extraño en su corazón. Espérala para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube. Espérala y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche. Espérala y ofrécele el agua antes que el vino, no mires el par de perdices dormidas en su pecho. E...