5.5.08
Salmones en tus zapatos
Sólo a ella se le pudo haber ocurrido que un italiano que toca Luigi Nono en tuba es Dios. Aquí la crónica de un sábado sonoro y extraño, en donde además de abandonamos a las gravedades divinas parloteamos como cotorras hasta el finale presto precipitato por el secuestro de mi vieja carroza.
4.5.08
Mientras las hojas huyen...
Casida VI: de la mano imposible
(del Diván de Tamarit)
Yo no quiero más que una mano,
una mano herida, si es posible.
Yo no quiero más que una mano,
aunque pase mil noches sin lecho.
Sería un pálido lirio de cal,
sería una paloma amarrada a mi corazón,
sería el guardían que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna.
Yo no quiero más que esa mano
para los diarios aceites y la sábana blanca de mi agonía
Yo no quiero más que esa mano
para tener un ala de mi muerte.
Lo demás todo pasa.
Rubor sin nombre ya, astro perpetuo.
Lo demás es lo otro; viento triste,
mientras las hojas huyen en bandadas.
Federico García Lorca
1.5.08
¿Y bien?
24.4.08
Agorafobia
20.4.08
Escucha ahora, vagabundo...
Las nubes no retornan
La memoria de la ola
flota dispersa en la costa baldía.
escucha ahora, vagabundo acechante, entre el vino
descolorido y la noche.
¿Y quién puede dormir?
El zumbido no cesa en el salón de las moscas.
La memoria de la ola,
la memoria del amor
te confiesa que nunca te susurró al oído su verdad.
Sólo el rumor del puerto,
pies que se alejan pisando sobre conchillas,
el lugar es oscuro
y alguien me sopla su aliento en la cara
o sólo el rudo olor del mar.
El lugar ha desaparecido.
Nada más que esa gente alrededor de la olla
donde algo se cocina lentamente.
Inútil que tiendas tu plano,
los invitados esperan el momento del festín,
unas mujeres ponen la mesa
en el fondo de la inundación,
otras ajustan la clavija en el cráneo.
La memoria de la ola:
el blanco esqueleto del pez
junto a la barca abandonada.
Lo que trae, lo que lleva,
lo que no llegó nunca.
Enrique Molina
(de El ala de la gaviota)




