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Calveyra

Pese al agua que no se deforma ni se apaga nunca, pese a un río yendo a desembocar en tu sueño y ya ausentándose para ir a dar en otro, otros sueños. Pese al agua que no menciona nunca a nadie, pese al unísono de lugares de ese río, a los incontables afluentes de su alma a tu alma ofrecidos, pese al ojo en calma del espejo paseándose por el presente del cuarto, al "heme aquí" de la penumbra amontonándose de los libros. Desde uno de sus innumerables avatares, como en un sueño, le llega el rumor de lugares conocidos, de nochecitas por arbolar.         Hombre volviéndose del color glauco de la hora,         hombre que se firma oeste,         hombre que conoce el río, sus costas cenagosas         y oeste que llega aparentando luz. Arnaldo Calveyra (Apuntes para una reencarnación)

Non aurum vulgi

Refucilo de luz en el silencio allá en los confines onde lo recién visto ha desaparecido. Es que lo eso es un relámpago que sale del vacío. Esto será qué? Porque es ver de golpe, darse cuenta uno de lo que está más allá. Ntonces abrí bien loj ojito, estoy hablando de lo que ilumina lo oscuro. Y cuando estés seguro de haber visto una verdá sorpresivamente como un hipo, bajá la cabeza reverente, agradecé que te diera una mano lo desconocido. Jorge Leonidas Escudero Dicho en mí (2008)

Lluvia en Las Pirquitas

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera, todo va a seguir siendo mío, el trueno conservará intacto su sonido casi negro, y el árbol a orillas del corral gozará con ese trueno, mientras el olor a presencia de la tierra en la lluvia será el mismo olor de mi ausencia. Así le sucede y le sucederá a todo lo que es pertenencia del planeta. Entonces, a no gemir, mi lejano palmar, cuando yo muera, porque somos un pormenor de presencia de lo inmortal. Francisco de Madariaga Un palmar sin orillas (En Danza 2009)

Notas El arte de la fuga

Crítica Gianera La Nación Fuga por Gustavo F. Walker Fugas por Diego Fischerman Nota La Nación Nota Página 12

Wilfred Owen

Yo abracé libremente las salvajes bellezas de este mundo. Por mi dicha muchos han reído y de mi aflicción algo ha perdurado, algo que debe morir ahora. Me refiero a la verdad no dicha, el sufrimiento de la guerra, el sufrimiento refinado de la guerra. Ahora los hombres irán satisfechos con nuestros despojos o, descontentos, con sangre hirviente a ser derramada. Serán ágiles con agilidad de tigre. Ninguno de ellos romperá filas, aunque las naciones los aparten del progreso. Se aislarán en vano de este mundo en decadencia perdiéndose en ciudades desprotegidas. Entonces, cuando torrentes de sangre empantanen las ruedas de sus carruajes, iré hacia ellos y los lavaré con agua de pozos cristalinos. Buscaré para ellos una verdad que nadie pueda hundir en el fango. Yo soy el enemigo que tu mataste, mi amigo. Te reconocí en la oscuridad. Tu mirada es igual a la de ayer, cuando tus ojos me atravesaron con su estocada. Quise defenderme... pero mis manos estaban renuentes y frías. Durma...

Plaza blanca

esta mañana coloca en mi camino sólo los bibelots de la muerte las campanas tocan años en cada minuto pasan años que tienen abanicos de hormigas en las cabezas pasan años que tienen hocicos vegetales y aletas de genio pasan años que ahuyentan a pequeños años la luz del arte habla del suicidio delicioso cierro los ojos y me encuentro en la plaza blanca el agua de la plaza está agitada olas enormes se precipitan sobre las casas y arrancan los labios que los pájaros han colocado en las ventanas abro los ojos las blancas crines echan a volar soñadores tomados de la mano como los ciegos atraviesan la plaza el viento acaricia las plantas domesticadas cierro los ojos es de noche de pronto me despierto en la noche los pájaros cantan es de día montañas líquidas flotan en el aire abro los ojos y me duermo de pie, en medio de la plaza blanca la umbela de las estrellas se cubre de labios Jean Arp (Le siège de l'air) Versión Aldo Pellegrini

Muerte de Clarice Lispector

Mientras te enterraban en el cementerio judío de Caju (es el brillo de tu mirada soterrada que aún resiste) el taxi corría conmigo al borde de la Lagoa hacia Botafogo Y las piedras y las nubes y los árboles en el viento mostraban alegremente que no dependen de nosotros Ferreira Gullar (Versión Paloma Vidal y Mario Cámara)