SILVIA DABUL


Silvia Dabul nació en Mendoza, se graduó como Licenciada en Piano en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Vive en Buenos Aires y es invitada regularmente a los principales ciclos y salas del país. Se ha presentado también en Uruguay, Paraguay, Sudáfrica, Francia y Alemania. Grabó dos CD con música para dos pianos y piano a cuatro manos (Clásica), la obra completa de Kim Helweg para dos pianos y percusión (Focus Recording), Parajes (IRCO), canciones de compositores argentinos sobre textos de su autoría y Mélanges (l´Empreinte digitale, francia). Trabaja como profesora de piano en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla.

Como poeta, publicó Lo que se nombra (Ediciones en Danza 2006), Cultivo de especias (Ediciones en Danza 2011). Ha sido incluida en diversas antologías.

Es autora del Diario del Otro Lado, publicación digital in progress de 20 cuadernos de sueños registrados desde 2012.


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9.12.12

La vida es un movimiento en relación


Estamos sosteniendo una conversación, como dos amigos que han estado paseando por un sendero arbolado con abundancia de sombras y cantos de pájaros, y ahora se han sentado juntos y conversan sobre todo el problema de la existencia, que es muy complejo. No estamos convenciéndonos mutuamente acerca de ningún tema, no tratamos de persuadirnos ni de sobreponernos el uno al otro mediante argumentos o apegándonos dogmáticamente a las propias opiniones y prejuicios; más bien vamos a mirar juntos el mundo tal como es, y también miraremos el mundo que existe dentro de nosotros. Muchos volúmenes se han escrito acerca del mundo exterior -el ambiente, la sociedad, la política, la economía, etc.pero muy pocos han llegado al extremo de descubrir lo que realmente somos. Descubrir por qué los seres humanos se comportan del modo en que lo hacen -matándose unos a otros, constantemente angustiados, siguiendo una autoridad u otra, algún libro, alguna persona, algún ideal, y careciendo de una verdadera relación con sus amigos, sus esposas, esposos e hijos; por qué los seres humanos, después de tantos milenios, han llegado a ser tan vulgares, tan brutales, tan completamente faltos de afecto, de consideración, de atención hacia los demás, por qué niegan todo el proceso de lo que se considera que es el amor. Exteriormente, el hombre ha vivido en medio de guerras por miles y miles de años. Ahora estamos tratando de detener la guerra nuclear, pero jamás detendremos las guerras. No ha habido en ninguna parte del mundo manifestaciones públicas para detener todas las guerra, sólo se han hecho manifestaciones contra determinadas guerras, y estas guerras han continuado -la gente es explotada, oprimida, y los opresores se convierten en los oprimidos. Este es el ciclo de la existencia humana con su dolor, su soledad, su gran desaliento, su ansiedad creciente, su absoluta falta de seguridad. No tenemos una verdadera relación con la sociedad ni con nuestros seres más íntimos, una relación sin disputas, sin conflictos, sin riñas, sin opresión de unos por otros, etc, etc. Este es el mundo en que vivimos y al que estoy seguro conocen bien todos ustedes. Como dijimos ayer, debemos mirar las actividades del pensamiento, porque vivimos a base de pensamiento. Todas nuestras acciones se basan en el pensamiento, todos nuestros esfuerzos deliberados tienen como base el pensamiento -nuestras meditaciones, nuestros cultos, nuestras plegarias. El pensamiento ha producido la división entre nacionalidades, que es el origen de las guerras, la división en religiones, como la judía, la árabe, la musulmana, la cristiana, la hindú, la budista, etcétera. El pensamiento ha dividido el mundo, no sólo geográficamente, sino también psicológicamente, internamente. El hombre está fragmentado, dividido no sólo en el nivel psicológico, mecánico de su existencia, sino también en el de sus ocupaciones. Si uno es un profesor, tiene su propio pequeño circulo y vive dentro de él. Si es un hombre de negocios, se ocupa de hacer dinero; si es un político, vive en esa área. Y si es una persona religiosa en el sentido aceptado de la palabra -la práctica de diversas formas de puja, rituales, meditaciones, la adoración de algún ídolo, etc.- entonces también vive una vida fragmentada. Cada fragmento tiene su energía propia, su propia capacidad, su propia disciplina, y cada curso de acción juega un papel extraordinario en contradicción con el otro curso. Ustedes deben conocer todo esto. Esta división -tanto externamente, geográficamente, como en lo religioso, en lo nacional, y en la relación que existe entre uno mismo y otro ser humano- es un enorme derroche de energías. Es un conflicto que nos divide, que disipa nuestra energía en las disputas -cada cual persiguiendo lo suyo, ambicionando lo suyo, exigiendo su propia seguridad, etcétera. Toda acción requiere energía, todo pensar requiere energía. Esta energía que se fragmenta constantemente, implica una disipación energética. Cuando una energía contradice a otra, cuando una acción contradice a otra acción -decir una cosa y hacer otra, lo cual es, obviamente, una aceptación hipócrita de la vida, hay disipación de energía. Todas las acciones de esta naturaleza tienen por fuerza que condicionar la mente, el cerebro. Estamos condicionados como hindúes, budistas, musulmanes, cristianos, con todas las supersticiones y creencias que ello implica. Estamos condicionados, y acerca de esto no cabe ninguna duda. No podemos argumentar que no estamos condicionados; lo estamos, religiosamente, políticamente, geográficamente. Hasta que no estemos libres del condicionamiento, libres de las actividades del pensar que crea los grandes problemas, esos problemas no podrán resolverse. Se necesita un nuevo instrumento para resolver nuestros problemas humanos, y vamos a conversar acerca de eso a medida que avancemos; pero no le corresponde a quien les habla decirles cuál es la cualidad de ese instrumento; cada uno tiene que descubrirlo por sí mismo. Por eso es que debemos pensar juntos, de ser posible. Eso requiere que ustedes y quien les habla, sintamos hondamente, que investiguemos, examinemos, cuestionemos, pongamos en duda todas estas cosas que el hombre ha producido, todas las cosas que hemos creado como barreras entre unos y otros. Como seres humanos que vivimos en esta hermosa tierra que es lentamente destruida, en esta tierra que es nuestra tierra -no la tierra India o la británica, o la americana- tenemos que vivir inteligentemente, dichosamente; pero, al parecer, eso no es posible porque estamos condicionados. Este condicionamiento es como el de una computadora: estamos programados. Programados para ser hindúes, musulmanes, católicos, protestantes. El mundo cristiano ha sido programado por 2000 años, y el cerebro se ha condicionado, a causa de ese programa, como una computadora. De modo que nuestros cerebros están profundamente condicionados, y nos preguntamos si es de algún modo posible librarse de ese condicionamiento. A menos que estemos totalmente, completamente libres de esa limitación, no tiene sentido el mero inquirir o preguntar en qué consiste el nuevo instrumento que no es el pensar. En primer lugar, uno debe empezar muy cerca para ir muy lejos. Nosotros queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso, y tal vez el primer paso sea el último paso. ¿Nos estamos comprendiendo el uno al otro, nos estamos comunicando o estoy hablándome a mí mismo? Si estoy hablándome a mí mismo, puedo hacer esto en mi propia habitación. Pero si estamos hablando nosotros, si sostenemos una conversación ustedes y yo, esa conversación tiene un significado cuando ambos nos encontramos en el mismo nivel, con la misma intensidad y al mismo tiempo. Eso es amor. Esa es la verdadera y honda amistad. Para mí, esta no es una conferencia en el sentido corriente de la palabra. Juntos estamos tratando de examinar y resolver los problemas humanos. Eso requiere mucha investigación, porque los problemas humanos son muy, muy complejos. Uno debe tener la cualidad de la paciencia, que no pertenece al tiempo. Todos estamos impacientes por avanzar- “dígame rápidamente esto o aquello”- pero si ustedes tienen paciencia, o sea, si no están tratando de obtener algo, de llegar a algún fin, a alguna meta, entonces investiguen paso a paso. Como decíamos, estamos programados. Nuestro cerebro humano es un proceso mecánico. Nuestro pensamiento es un proceso material, y ese pensamiento ha sido condicionado para pensar como budista, hindú, cristiano, etc. Así que nuestro cerebro está condicionado. ¿Es posible librarse de ese condicionamiento? Están los que dicen que no es posible, porque preguntan: “¿Cómo puede ser que un cerebro que ha sido condicionado por tantos siglos y siglos, ese condicionamiento sea eliminado de modo tan completo que el cerebro humano sea extraordinariamente prístino, original y esté dotado de una capacidad infinita?” Mucha gente afirma esto, y se satisface meramente con modificar el condicionamiento. Pero nosotros decimos que este condicionamiento puede ser examinado, observado, y que uno puede liberarse totalmente de él. Para descubrir por nosotros mismos si eso es o no posible, tenemos que investigar nuestra relación. La relación es el espejo en que nos vemos tal como somos. Toda la vida es un movimiento en la relación. No existe nada viviente en la tierra, que no esté relacionado con una cosa u otra. Aun el ermitaño, que se larga a algún paraje solitario, sigue en relación con el pasado, se relaciona con aquellos que están alrededor de él. No es posible escapar de la relación. En esa relación, que es el espejo en el cual uno puede verse a sí mismo, podemos descubrir lo que somos, nuestras reacciones, nuestros prejuicios, nuestros temores y ansiedades, nuestro desaliento, la soledad, el dolor, la pena, la angustia. También podemos descubrir si amamos o si no hay amor en nosotros. Por lo tanto, examinaremos este problema de la relación, porque esa relación es la base del amor, es la única cosa que ahora tenemos los unos para con los otros. Si no puede uno descubrir la verdadera relación, si vive su propia y estrecha vida particular aparte de su esposa, de su marido, etcétera, esa existencia aislada engendra su propia destrucción. La relación es la cosa más extraordinariamente importante que hay en la vida. Si no comprendemos esa relación, no podremos crear una nueva sociedad. Vamos a investigar muy detenidamente qué es la relación -por qué los seres humanos, a través de toda su larga existencia de vida, jamás han tenido una relación sin sentimiento posesivo, sin opresión, apego, contradicción, etc. ¿Por qué siempre existe esta división -hombre y mujer, nosotros y ellos? Vamos a examinar esto juntos. Este examen puede ser intelectual o meramente verbal, pero tal comprensión intelectual no tiene valor alguno. Es sólo una idea, un concepto; pero si podemos mirar nuestra relación como una totalidad, entonces tal vez podamos ver la profundidad, la belleza y la calidad de la relación. ¿De acuerdo, señores? ¿Podemos proseguir? Nos preguntamos cuál es realmente la relación que ahora tenemos el uno con el otro, no la teórica, la romántica o la idealista -que son todas irreales- sino la diaria relación que de hecho existe, por ejemplo, entre el hombre y la mujer. ¿Estamos relacionados en absoluto? Está la relación biológica; esa relación es sexual, placentera. Es posesión, apego, diversas formas de intrusión mutua. ¿Qué es el apego? ¿Por qué tenemos una necesidad tan tremenda de apego? ¿Cuáles son las implicaciones del apego? ¿Por qué nos apegamos? Cuando uno está apegado a algo, siempre hay temor, temor de perder aquello a lo que uno está apegado. Hay siempre un sentimiento de inseguridad. Por favor, obsérvenlo en ustedes mismos. Siempre existe un sentimiento de separación. Estoy apegado a mi esposa; estoy apegado a ella porque me brinda placer sexualmente, me brinda el placer de su compañía. Ustedes conocen todo esto sin que yo se lo diga. Estoy, pues, apegado a ella, lo cual implica que estoy celoso, que tengo miedo. Donde hay celos, hay odio. Y, ¿es apego el amor? Ese es un punto a observar en nuestra relación. Entonces, en nuestra relación cada uno ha creado, a través de los años, una imagen con respecto al otro. Esas imágenes que ella y él han creado el uno del otro, es la real relación que tienen. Pueden dormir juntos, pero el hecho es que ambos tienen una imagen del otro, y en esa relación de imágenes, ¿cómo puede haber entre ellos una relación factual, verdadera? Todos nosotros, desde nuestra infancia, hemos construido imágenes acerca de nosotros mismos y de los demás. Nos formulamos ahora una pregunta muy, muy seria: ¿Podemos vivir sin una sola imagen en nuestra relación? Indudablemente, todos ustedes tienen una imagen de quien les habla, ¿no es así? Obviamente la tienen. ¿Por qué? Ustedes no lo conocen, realmente no lo conocen. Él se sienta en una plataforma, habla, pero ustedes no se relacionan con él porque tienen una imagen de su persona. Han creado una imagen de él, y también tienen sus propias imágenes personales de sí mismos. ¡Tienen tantas imágenes de los políticos, de los hombres de negocios, del gurú, de esto y aquello! ¿Puede uno vivir profundamente sin una sola imagen? La imagen puede ser una conclusión acerca de la esposa de uno, una representación mental, una imagen sexual; puede ser la imagen de un vinculo mejor, y así sucesivamente. ¿Por qué los seres humanos tenemos imágenes en absoluto? Por favor, formúlense esta pregunta a sí mismos. Cuando tenemos una imagen del otro, esa imagen nos da un sentimiento de seguridad. El amor no es pensamiento. El amor no es deseo, no es placer, no es el movimiento de imágenes, y en tanto uno tenga imágenes del otro, no hay amor. Y nos preguntamos: ¿Es posible vivir una vida en la que no haya una sola imagen? Entonces tenemos una verdadera relación con la otra persona. Tal como sucede ahora, es como si fueran dos líneas paralelas que jamás se encuentran, excepto sexualmente. Un hombre va a la oficina, es ambicioso, codicioso, envidioso, procura alcanzar una posición en el mundo de los negocios, en el mundo religioso, en el profesional, y la mujer moderna también se va a la oficina, y ambos se encuentran luego en la casa para engendrar hijos. Y entonces viene todo el problema de las responsabilidades, de la educación, de la indiferencia total. A ustedes no les importa lo que después puedan ser los hijos, lo que pueda pasarles. Quieren que ellos sean iguales a ustedes -un casamiento seguro, una casa, un buen empleo, etc. ¿Correcto? Esta es nuestra vida, nuestra vida cotidiana, y es realmente una vida deplorable. Por consiguiente, si se preguntan ustedes por qué los seres humanos viven a base de imágenes -todos los dioses que adoran son imágenes, el dios cristiano, el dios musulmán y el dios de ustedes- verán que esas imágenes las crea el pensamiento, y el pensamiento es incierto, temeroso. No hay seguridad en las cosas que el pensamiento ha producido. ¿Es posible, pues, que nos liberemos de nuestro condicionamiento en la relación? O sea, que en el espejo de la relación debemos observar atenta, minuciosa y persistentemente cuáles son nuestras reacciones, si son mecánicas, si son un producto del hábito, de la tradición. En ese espejo descubrimos realmente lo que somos. En consecuencia, la relación es extraordinariamente importante. Tenemos que investigar qué es observar. ¿Cómo observa uno mismo lo que es, en el espejo de la relación? ¿Qué significa observar? Esta es realmente otra cosa importante que uno ha de descubrir. ¿Qué significa mirar? Cuando ustedes miran un árbol, que es una de las cosas más bellas, más exquisitas que hay en la tierra, ¿cómo lo miran? ¿Lo miran alguna vez, miran alguna vez la luna nueva -el contorno de la luna nueva, tan delicada, tan pura, tan joven; alguna vez la han mirado? ¿Pueden mirarla sin usar la palabra ‘luna’? ¿Se interesan realmente en todo esto? Continuaré, como un río que corre. Ustedes están sentados en las orillas y miran el río, pero jamás se convierten en el río porque nunca participan del río, nunca se unen a la belleza del movimiento que no tiene comienzo ni fin. Así que, por favor, consideren lo que es observar. Cuando observan un árbol, o la luna, algo exterior a ustedes, siempre emplean la palabra -árbol, luna. ¿Pueden mirar la luna, el árbol, sin nombrarlos, sin usar la palabra que los identifica? ¿Pueden mirar sin la palabra, sin el contenido de la palabra, sin identificar la palabra con el árbol, con la cosa? Ahora bien, ¿pueden mirar a la esposa, al marido, a los hijos, sin las palabras ‘mi esposa’, ‘mi marido’, ‘mis hijos’, sin las imágenes? ¿Lo han intentado alguna vez? Cuando observan sin una palabra, sin un nombre, sin la forma que han creado de él o de ella, en esa observación no existe un centro desde el cual estén observando. Descubran qué ocurre entonces. La palabra es el pensamiento. El pensamiento nace de la memoria. Tenemos, pues, la memoria, la palabra, el pensamiento, la imagen que interfiere entre uno mismo y el otro. ¿Correcto? Pero aquí, donde no existe el centro, no hay pensamiento -pensamiento en el sentido de la palabra, el contenido y la significación de la palabra- no hay pensamiento que mire, que observe. Luego, en esa observación no hay un centro como el ‘yo’ mirando al ‘tú’. Sólo entonces existe una verdadera relación con el otro. En ello está la cualidad del aprender, una cualidad de indudable sensibilidad y belleza. ¿Podemos proseguir? ¿Por qué los seres humanos de todo el mundo viven en perpetuo conflicto? Tengan la bondad de preguntárselo ustedes mismos, ya que todos viven en conflicto. La meditación que practican es conflicto, sus cultos son conflicto. Tienen ustedes diversos dioses que están en conflicto unos con otros y con ustedes. ¿Por qué en todo el mundo los seres humanos viven en constante lucha, angustia, conflicto? ¿Qué es el conflicto? ¿Cuál es la causa del conflicto? Donde hay una causa, esa causa tiene un final. Si mi dolor tiene una causa, el médico examina la causa y el síntoma, que es el dolor. Entonces la causa puede ser eliminada. Descubran, pues, por sí mismos, cuál es la causa del conflicto con el cual el hombre ha vivido desde tiempos inmemoriales. No esperen que yo se lo diga. Investiguen ustedes mismos, como lo estamos haciendo ahora. Descubran cuál es la causa de este conflicto, tanto externa como internamente. ¿Existe una sola causa, o hay muchas causas? Si hay muchas causas, podemos examinarlas y, lentamente, resolver cada una. Una de las causas puede ser el constante intento de llegar a ser algo o alguien -el devenir: yo soy esto, debo ser aquello; soy codicioso, y espero que no seré codicioso. Eso es llegar a ser alguna cosa diferente de lo que soy: no soy hermoso, pero llegaré a ser hermoso; soy violento, pero llegaré a ser no violento. De modo que el llegar a ser, el devenir, es un proceso de evolución. Todo devenir -el de un oficinista llegando a gerente, o el gerente a presidente del directorio- es un proceso de tiempo que implica evolución, de lo bajo a lo alto. Uno planta un arbolillo que deviene un árbol grande, lo cual es la evolución de esa planta, de ese árbol. ¿Es la evolución una de las causas del conflicto? O sea, yo soy violento. Aparentemente, y muy infortunadamente, todos los seres humanos son violentos. Soy violento y llegaré a ser no violento. El devenir de ‘lo que es’, es un proceso de evolución que requiere tiempo, espacio. Y nos preguntamos: ¿Es la evolución, ese movimiento desde ‘lo que es’ a ‘lo que debería ser’ -que constituye el movimiento del tiempo- una de las causas del conflicto? ¿Es el tiempo una de las causas del conflicto, es decir, de la dualidad? En el mundo físico, hay dualidad como luz y sombra, hombre y mujer, etc. Hay dualidad entre una tela buena y una tela mala, entre un hermoso traje de buen gusto, de material bueno, y uno de material malo, entre un automóvil bueno y un automóvil malo. Es obvio que físicamente hay una diferencia; hay dualidad. Y preguntamos: Internamente, psicológicamente, ¿existe en absoluto la dualidad? ¿El conflicto existe, entonces, en tanto haya dualidad? ¿Por qué tenemos dualidad psicológicamente, internamente? Yo soy violento, y he pensado que no debo ser violento, y entonces invento una idea llamada no violencia que, en este país, está de moda. Y esta moda de la no violencia se está extendiendo por todo el mundo, lo cual no tiene sentido. Porque la violencia es real, es el hecho; la no violencia es ficción. Por tanto, sólo existe ‘lo que es’, no ‘lo que debería ser’; de modo que si uno se da cuenta de que la realidad es ‘lo que es’ y no ‘lo que debería ser’, entonces puede prescindir de lo que ‘debería ser’. Entonces no hay dualidad. ¿Comprenden esto? Desde el momento en que existe la idea, ‘yo no debo’ o ‘yo no debería’ o ‘yo seré’, una idea alejada de ‘lo que es’, tiene que haber conflicto. ¿Esto lo percibe uno intelectualmente o de hecho -que psicológicamente, internamente no existe el opuesto, sino sólo ‘lo que es’? Uno trata con ‘lo que es’, no con ‘lo que debería ser’. Yo soy violento, y esta idea de la no violencia es ficticia, es hipócrita. No tiene ningún valor porque, mientras trato de volverme no violento, estoy sembrando todo el tiempo las semillas de la violencia. De modo que sólo existe la violencia. ¿Cuál es la naturaleza y estructura de la violencia? No sólo es violencia la ira -golpear a alguien, matar a alguien, y no sólo matar a seres humanos, sino matar animales, matar a la naturaleza; también es violencia la imitación, la conformidad, el tratar de llegar a ser algo que uno no es. ¿Podemos mirar la violencia con todo el contenido de esa palabra y retenerlo, observarlo, no alejarnos de él, ni reprimiéndolo ni rehuyéndolo, sino sólo mirándolo, como miraríamos una joya preciosa? Cuando miramos de ese modo el contenido de la violencia, ¿lo miramos como si fuera algo separado de nosotros, o lo que observamos es lo que somos? Es importante que esto se comprenda. Somos violentos. Uno ha pensado que esa violencia es diferente de ‘uno mismo’. Por lo tanto, trata de cambiarla para convertirla en alguna otra cosa. Esa violencia soy yo. Yo no soy diferente de la violencia -o de la codicia, o del odio, o de los celos. El sufrimiento soy yo, pero yo he separado la ira, los celos, la soledad, el dolor, como si todo eso fuera algo diferente de mí, para así poder controlarlo, moldearlo, escapar de ello; pero si eso soy yo, nada puedo hacer al respecto sino solamente observarlo. Así, el observador es lo observado, el pensador es el pensamiento, el experimentador es lo experimentado. No están separados el uno del otro. En consecuencia, donde hay división tiene que haber conflicto. Si yo estoy psicológicamente separado de mi esposa, es inevitable que haya conflicto. De modo que el tiempo, la evolución, el sentido de los opuestos, son los factores de la violencia. Y estos son los otros factores. ‘Yo’ soy todos estos factores. Y el ‘yo’ es, en esencia, la causa del conflicto. Si preguntan, ¿cómo he de liberarme del ‘yo’?, esa es una pregunta equivocada; sólo observen todo el movimiento del conflicto, no traten de entenderlo, sólo obsérvenlo como si observaran el maravilloso movimiento de los cielos, del océano. Entonces el conflicto les revela todo su contenido sin que ustedes lo analicen. Así, un cerebro que mecánicamente, psicológicamente se halla en conflicto, debe por fuerza generar desorden dentro de sí mismo y, por tanto, externamente. ¿Es posible que los seres humanos puedan estar total y completamente libres de conflicto? Cuando existe esa libertad, hay orden, hay amor, compasión; y esa compasión es inteligencia.


Jiddu Krishnamurti
Madrás, 26 de diciembre de 1982