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Mostrando las entradas de septiembre, 2012
El espejo de estar por quedarte dormida huye al fin. En su huida retiene, de entre todas las imágenes, la del hombre vestido de atardecer. Pasa, pasarán, entorna los ojos, no hacen más que sucederse, atravesar los años en el silencio de arena que de nuevo las rodea, acabarán por entregarte al anochecer. El espejo es ahora tu postrer recuerdo, tu anochecer de durmiente. Así llegando, así abandonando como el ahogado de regreso a la costa, pones tu cuerpo a descansar sobre la arena. Y todavía tienes tiempo de preguntarte por el hombre tumbado en el reflejo, desmayado, ahogado de recién, abriéndose paso por lugares donde siempre es de noche. Arnaldo Calveyra Apuntes para una reencarnación

Propuesta del higo

Te propongo la dulzura del higo, su carne sonrosada, replegada y húmeda como un animal marino. Goza el misterio de este fruto, su textura de molusco, su íntimo tamaño. Tersa, su pulpa apremiará el deseo de tu lengua. Te propongo las delicias del higo. Muerde su violado, desamparado centro, prueba de nuevo -empecinado- su carne que guarda mieles y diluvios. Las delicias y dulzura del higo -pequeño y desbordado- tan sólo te propongo. Que tu boca profunda se demore en el dulzor secreto, que asalte con lentitud su carne desvelada. Deja que a tu paladar traiga la memoria de sabores primitivos. Carmen Matute (Guatemala, 1944)
¿Y si durmieses y al dormir soñases? ¿Y si en tu sueño fueses al cielo y allí recogieses un extraña y bella flor? ¿Y si, al despertar, tuvieses la flor en tu mano? ¿Qué pasaría entonces? Samuel Taylor Coleridge
Creía yo No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere. Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte. Macedonio Fernández